San Miguel de Arcangel

Por qué nos enfrentamos a la religión

Vamos a la guerra para proteger nuestra religión. Ocurrió durante la historia y está ocurriendo en este momento. Cuando nos etiquetamos como budistas, cristianos, musulmanes, hindúes o judíos, sentimos que esta etiqueta debe ser defendida. Esta es una división, donde esos que niegan como nosotros suponemos se convierten en el enemigo, y estuvo pasando desde que se estableció la religión. Se ve que no tenemos la posibilidad de conocer cómo terminar con esta división. De todos modos, existe la oportunidad de que no deseamos terminar con ella, porque nos sentimos identificados con nuestra religión y nuestra religión se transforma en parte integral de lo que somos, nuestra identidad egoísta. El ego es el inconveniente, no nuestras religiones. Cuando nos sentimos identificados con nuestras organizaciones religiosas más poderosamente que las virtudes que profesan nuestras religiones, nos encontramos admitiendo que la virtud no puede acariciar nuestra autovaloración o nuestra imagen efectiva. Esta creación del ego es una prioridad más alta que la virtud porque el ego nos hace sentir superiores a los otros. El edificio del ego se hace derribando al otro, de esta forma como juzgando al otro como algo menos que nosotros. Todo lo mencionado eleva nuestra autovaloración y nos ofrece la ilusión de que somos superiores que ellos y que nuestro ego es más fuerte. Esto es, desde luego, una ilusión psicológica que se edifica en nuestras mentes, y es el resultado de una inseguridad elemental y arraigada. Las religiones dominantes hablan del amor, la comprensión, la paz y toda clase de virtudes compasivas que conectan naturalmente a la gente, pero la religión misma se transforma en nuestra posesión, más que en virtud. “Soy budista”, o “Soy católico”, es la respuesta habitual, no “Soy compasivo, pacífico y cariñoso”. ¿Por qué es esto? Es porque el ego decrece al confesar que uno es verdaderamente sensible a los sentimientos de los otros, y se seguidor al separarse. Entonces, es más relevante crear nuestros propios egos que volvernos religiosos. Hacemos sonar las expresiones y los tópicos, pero nuestras actitudes y reacciones cuentan la historia completa de quién y qué somos verdaderamente. La afirmación,”Yo soy budista” huele a orgullo. Estamos contentos de lo que somos. Además, es complicado estar orgulloso de ser cariñoso, o cariñoso, o pacífico. El ego sólo se edifica a sí mismo por medio de la construcción de conflictos, y entonces ganar ese conflicto, entonces, el conflicto es lo considerable. Por eso las religiones siempre han resultado en conflicto; no es culpa de la religión, sino de la naturaleza del ego. La culpa sigue naturalmente cuando uno trata de entrenar su religión. La culpa se lleva a cabo cuando en lugar de volvernos virtuosos, lo que va en oposición a nuestras tendencias egoístas naturales, creamos conflicto para que tengamos la posibilidad sostener nuestro ego. Entonces acabamos “proyectos permanentes en avance” porque la virtud todavía es la misión. De todos modos, por otro lado, odiamos la virtud porque la virtud decrece el ego. Este es un Catch 22 que no puede ser resuelto dentro del entendimiento presente de la religión; el entendimiento es que tenemos que ser virtuosos, y si no lo somos, somos pecadores. Esto crea una tremenda responsabilidad y confusión. La culpa a su vez, se transforma en resentimiento e furia. Esta es una tormenta impecable para el ego porque entonces puede usar esta furia para separarse y hacer más conflicto con las religiones opuestas. Esto es bastante predecible, y sólo continuará y va a empeorar porque no entendemos los mecanismos de lo que nos está dando. ¿Cómo amanecíamos de toda esta confusión? Primero, es completamente viable que la multitud se convierta en virtuosa fuera de la religión estructurada, quizás más simple en algunos puntos. Sin la carga de sostener una hipocresía de virtud artificiosa para las apariencias, un individuo espiritual no afiliada puede concentrarse en la virtud misma, y en la contemplación tranquila, puede ver donde la virtud está presente o no está que se encuentra en sus vidas, y donde sus egos naturales, que tienen sed de conflicto, se desarrollan y prosperan. Esta clase de exploración interna va en oposición a todo en lo que el ego cree, y entonces el ego lo odia, pero cualquier persona que se toma seriamente el cambiarse a sí mismo, de la justicia propia y el juzgamiento, a la compasión

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