San Miguel de Arcangel

Mi experiencia fuera del cuerpo

¡Es una historia real! Pocos meses luego de cumplir 40 años, el 14 de enero de 1986, fui apresurado a la salón de emergencias gracias a los efectos devastadores de una patología mal diagnosticada. Si mi hermana no estuvo de visita para ver mi condición e insistir en que fuera al hospital rápidamente, los doctores dijeron que no habría vivido toda la noche. En la salón de emergencias mi corazón se detuvo y los doctores debieron revivirlo con esas paletas eléctricas que se ven en las películas. Lo recuerdo vagamente, aunque tuve ligeras quemaduras a lo largo de unos días. Ocasionalmente, se dieron cuenta que poseía la patología de Cushing, un tumor benigno en la glándula pituitaria (que está en el medio de la frente) que provoca que los escenarios de hormonas en mi cuerpo se vuelvan salvajes. La hormona esteroide natural ACTH, entre otras cosas, tiene un nivel habitual de 200. El mío eran 6000. Y como la glándula pituitaria controla otras glándulas y funcionalidades corporales, además había tenido hipertensión arterial y diabetes. Fue la diabetes no diagnosticada lo que me se encontraba matando. Ocasionalmente me enteré de que la diabetes no fué tratada a lo largo de tanto tiempo y me puse tan mal tan ágil debido al tumor que tuve la suerte de estar vivo. Para ese instante, mi vista se encontraba borrosa, mis músculos estaban tan atrofiados por la deshidratación que solamente podía caminar, y me resultaba complicado suponer con claridad. Hubo varios otros indicios, pero esos son los primordiales. Lamentablemente, nos encontramos cautivos de esta frágil cáscara de carne. Por suerte, tuvieron un medicamento en fase de prueba, aminoglutetimida, aunque no estoy seguro de la ortografía precisa, que muy lentamente puso los escenarios hormonales bajo control. La sangre se extraía cada hora para corroborar los escenarios hormonales, por lo cual los dos brazos próximamente se volvieron negros y azules desde el hombro hasta la muñeca. Desde luego, estar en un hospital tiene sus propios peligros, y próximamente tuve una infección por estafilococo, la endocarditis, que agrede las válvulas cardíacas, y pasé seis semanas en terapia con oxiclorina. Tengo un soplo en el corazón hasta este preciso día por eso. Poseía muchos tubos en mis brazos negros y azules que era cómico. Lo que no fue gracioso fue la paranoia inducida por las hormonas.como algún persona que toma esteroides, afectan tanto al cuerpo como a la cabeza en esos escenarios. No entraré en los datos, pero lo bastante para decir que fui su peor tolerante. Las hormonas se disparaban durante la noche, y en los primeros días iba comunmente a una clase de estado catatónico, en ocasiones a lo largo de días. Yo salía de ella y las enfermeras se quedaban paradas a mi alrededor diciendo:”¿Estás despierta? Una vez pregunté cuánto tiempo había estado fuera y me dijeron:”Tres días”. Precisamente dos semanas luego de ser aprobado, cuando los doctores aún no estaban seguros de si viviría de un día para otro, recuerdo haberme acostado en la cama, boca arriba porque los dos brazos poseían tubos y me sentía muy débil y raro. Había aprendido a admitir los indicios físicos del inicio de uno de los estados catatónicos, pero esto era diferente. Se encontraba seguro de que iba a fallecer. Y lo hice.como un destello, mi conciencia, o alma, o espíritu, o ka, dejó mi cuerpo. Se encontraba volando hacia arriba cerca del borde curvo del universo a una agilidad irrealizable más acelerado de lo que creía. Aún poseía un cuerpo, pero era etéreo, rápido como una pluma. Podía ver las pequeñas formas ovaladas de cientos de galaxias a mi izquierda mientras pasaba a toda agilidad. Un latido del corazón después estuve ahí. Frente a mí había una extendida y radiante mesa, como un estrado alto, y sentados ahí había seres bañados de luz, pero humanos en forma. Poseían cabezas y cuerpos, pero yo no podía distinguir sus caras. ¿Eran ángeles? ¿Jueces? No lo se. Pienso que eran diez. Por lo menos ese es el número que está en mi cabeza. Entonces comencé a girar como una tapa atada a una cuerda, aunque mi conciencia los miraba de manera directa. Estoy rotando y viendo hacia adelante. ¿Cómo es eso viable? Y comencé a llorar. Debo estar muerto, pensé, y comencé, sin que se me pidiera ninguna indicación o pregunta, a contar los errores de mi vida, y fueron varios. Mentir, llevar a cabo trampa, quitar, quitar, quitar

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *