San Miguel de Arcangel

Hermano Gabriel del Rostro de Cristo Crucificado

Corría el año 2002 cuando la que por entonces era mi pareja me invitaba a pasar un fin de semana con un grupo de amigos con los que a veces hacía alguna actividad, convivencias, ayudar a algún sacerdote,… A ella se la veía muy ilusionada con ellos así que acepté. Cuál fue mi sorpresa cuando los conocí…

Los primeros en llegar eran un grupo joven, muy alegre y simpático, con un ambiente que invitaba a la confianza, un ambiente de familia. Ésto fue lo primero que me cautivó que todos me trataron como uno más de la familia, no había distinción por ser nuevo entre ellos. Pero había algo más… Junto con ellos había llegado una persona que se veía que era especial para todos. Estaba con ellos casi como uno más pero pronto se vio que no era así.

Sus palabras hablaban de amor, pero no de un amor cualquiera sino de Amor Verdadero, profundo, sentido, cuando hablaba se notaba que lo hacía desde el corazón, no simplemente eran palabras vacías, aquello que hablaba era la base de su vida y de su vivir. Todos le escuchaban atentamente pues, ¿quién no desea amar y ser amado?

Así comenzó mi primera experiencia con el Grupo de San Miguel Arcángel aquél fin de semana. Según fue avanzando cada vez me sentía más cercano a todos ellos y también a la vez sentía un profundo sentimiento de haber encontrado algo importante que ni siquiera sabía que buscaba…

A esa altura de mi vida, estaba muy alejado de la Iglesia, no iba a Misa, no rezaba, no creía en los sacerdotes.., como se suele decir, “Dios sí, pero la Iglesia…” Pensaba en mí mismo y mi propio beneficio, los demás, se buscarían el suyo… Hasta ese extremo había llegado…

Y a través de estas palabras que hablaban directamente al corazón fui acercándome de nuevo a la Verdad, al Camino bueno y recto, a la Vida. Según iba caminando veía que no sólo eran palabras pues su vida entera era ejemplo a seguir de generosidad, de ayuda a los demás, de bondad,… de amor al prójimo. Era coherente con lo que decía. Y de ese modo fue acercándome de nuevo a los sacerdotes, me mostró la dura vida que llevan, la soledad, el abandono, la poca ayuda que reciben de sus feligreses, lo desagradecidos que somos en la mayor parte de las ocasiones,… Y me mostró también la gran cantidad de hermanos y hermanas que tenía a mi alrededor pasando necesidad y que ni siquiera me había percatado de ello. Pues no sólo es física la necesidad… Y comencé a preocuparme del Espíritu…

Esa persona que hablaba de Amor, de hacer el bien a los demás, de ayudar a los que tenemos a nuestro lado, en definitiva que hablaba de Dios, era Miguel, ese instrumento que el Señor eligió para hacer realidad este gran sueño.

Y así volví a la Iglesia, empecé a rezar, con el Grupo ayudábamos a sacerdotes, teníamos convivencias con discapacitados, con jóvenes, representaciones de la Pasión y muchas otras actividades.

Y pasaba el tiempo, pero el Señor tenía algo más planeado…

Después de unos cuantos años, de idas y venidas,
el Señor volvía a llamar con fuerza a mi puerta…

En este momento ya el Grupo de San Miguel Arcángel es la
Orden y Mandato de San Miguel Arcángel, ya hay las primeras vocaciones a la vida consagrada y se ve cómo todo se va asentando y poniendo en su lugar.

En cuanto a mí, alguna vez se me había pasado por la cabeza ser sacerdote pero rápidamente lo había deshechado, pues tenía claro que lo mío era casarme y tener una familia católica de la que pudiesen salir hijos e hijas entregados al Señor, ya fuese desde el matrimonio o la consagración.

Y así llegaron los preparativos para la Semana Santa de 2009, por alguna razón, varias personas a mi alrededor me habían preguntado si no tendría vocación, que si me lo había pensado,…
(ya el Señor las ponía ahí para ver si me daba cuenta pero yo seguía ciego…)

Y me lo habían preguntado bastante en serio, así que me dije que aunque fuese sólo para poder decirles que ya lo había pensado bien y había visto que Dios no quería eso para mi, me lo iba a plantear, que lo pondría en oración.

Estábamos en plena época de representaciones de la Pasión y estaba bastante con los Matrimonios Consagrados que viven muy cerca de nuestra Casa Madre. Tanto es así que un día me invitaron a la entrada de un nuevo Primicio (así se llaman aquéllos que están en la primera etapa de formación para la vida consagrada dentro de la Orden y Mandato). Fue una ceremonia intensa, ya el Señor estaba muy pendiente de mí para ver si le hacía caso. Y llegado el momento de la Sagrada Comunión ya en mi corazón sentí la llamada del Señor, pero no quise escucharle… Sentí que Dios me llamaba a entregarme más, a darle ya no un poco más de mi vida, sino mucho más y yo quería entregarme más a Él también, quería hacer más, ayudar más, ser de más provecho,… pero quería hacerlo a mi modo…

Me decía a mí mismo que Dios quería que me casase… Formar una familia… Además con la falta que hacen hoy en día Matrimonios que den ejemplo de cómo seguir a Cristo… Y así podría tener hijos que fuesen sacerdotes o religiosos, o religiosas, no sería ya una vocación sino más de una y viendo el ejemplo en mi matrimonio seguro que otros lo seguían… No eran malos propósitos, pero la cuestión no era esa, sino,
¿cuál es la Voluntad de Dios para mí?

Pero ahí no quería llegar, todavía quería demasiado hacer mi propia voluntad…

En este momento llega el Retiro de Semana Santa y qué mejor para escuchar al Señor que en un Retiro… Así pues comienzo el Retiro queriendo ser una hoja en blanco para que Dios escriba en ella pero, al mismo tiempo, queriendo que escriba lo que yo quería.

Pero no podía sostenerse mucho la situación…

Pasaron unos días y, como es lógico cuando uno se aparta del ruido del mundo, comencé a escuchar al Señor en mi corazón, todavía no quería aceptarlo, pero sabía que Dios quería algo de mí. Seguía diciéndole que no a cada rato, pero Él con paciencia seguía insistiendo, sirviéndose de una persona con un comentario que me llega muy dentro, otra que me muestra su felicidad al seguirlo… En fin, Él elige los instrumentos que quiere y sigue mostrándome su Voluntad aunque yo no la acepte.

Hasta que ya, por fin, en una Eucaristía, concretamente en la Comunión, el Señor me inundó de tal forma, me sobrepasó por cada costado, que no pude contenerme más y comencé a llorar de alegría y al mismo tiempo amargura porque ¡no era lo que yo quería! En ese momento el Señor me deshizo y cuando ya no podía hacer nada le dije:
“Señor, si eso es lo que Tú quieres…”
Y así comenzó, poco tardó Nuestro Amado Jesús en cambiar mi corazón y hacerme ver la realidad, tenía miedo a no ser feliz, a necesitar otra persona a mi lado, a no ser capaz de… Todo eran “tonterías”, siempre me había faltado algo, siempre exigía más de los demás, porque siempre esperaba más…

Todo esto se esfumó cuando decidí entregarme a Él, a su Iglesia. Lo que pensaba que iba a costar, para nada es lo que más cuesta, lo que pensaba que iba a echar de menos no es así. El Señor todo lo llena y si uno le entrega un poquito Él lo multiplica por cien y nos lo devuelve.

Desde entonces mi alegría y felicidad son mucho más plenas, lo que antes eran días grises ahora son de cielo azul, se puede tener un mal día, pero se supera mucho mejor y ¡ayuda a caminar!

No hay un día igual que otro y a cada momento ¡Dios nos regala lo mejor!

Sin duda alguna tengo que estar muy agradecido a Nuestro Buen Dios porque me lo ha dado todo, pero en especial porque me ha dado una Vocación, un Camino, que son incomparables.

Me ha dicho, Hijo mío, te amo, y quiero lo mejor para tí, ésta es mi voluntad para tí: que seas feliz al lado de tus Hermanos y Hermanas siguiendo este camino que te muestro: 
ser Migueliano
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