San Miguel de Arcangel

Hablemos del monoteísmo

Aparentemente la palabra Dios no está en su mayoría en mayúscula de la forma en que la mayor parte de nosotros la escribiríamos comunmente debido al hecho de que hay varios dioses en otras religiones y comunmente no capitalizamos la palabra cuando hablamos a otros dioses. Yo mismo estoy comentando como monoteísta. Hablo como judío. Mono “significa uno, y” teísmo “significa la doctrina o creencia en la presencia de un Dios o dioses. Por eso, la creencia en un solo Dios es una creencia que divide a los monoteístas de la creencia en bastante más de un dios. Hay un puñado de religiones monoteístas en el planeta de hoy, más que nada el judaísmo, el cristianismo y el islam. Estas son las tres religiones primordiales de todo el mundo moderno, y todas ellas representan el monoteísmo, aunque de formas muy dispares. A menos que un individuo se ponga a estudiar la crónica de la religión y llegue a comprender que el planeta era muy distinta en el pasado, es muy habitual reflexionar que el monoteísmo siempre fué la creencia aceptada principal. Pero no es de esta forma en absoluto. Me voy a tomar la independencia de generalizar por el bien de este artículo, pero desde luego se tienen la posibilidad de hallar muchas referencias en y fuera de línea para mis afirmaciones. Hace siglos, cuando la multitud no podía leer, inclusive antes de que existieran idiomas escritos para que los humanos se comunicaran, la multitud poseía una profunda necesidad de conectarse con algo o alguien más potente que ellos mismos. Esa es una necesidad humana elemental que se se ve bastante al deseo de seguridad y custodia de los niños recién nacidos humanos. Los niños recién nacidos claman por lo cual requieren, y comunmente hacemos lo mismo a un poder más grande que nosotros cuando venimos frente Dios para rezar. Antes de que tenga existencia un criterio popular, político o espiritual de un solo dios, había verdaderamente una cantidad enorme de dioses con diferentes nombres y fines que la multitud en diferentes instantes y sitios reconocía como propios. Estas deidades se basaban en elementos que los humanos podían ver y tocar, o en la situacion de la luna y las estrellas del cielo, que los humanos no podían tocar. Desde luego que anhelamos tocar la luna, y eso es base de adoración, anhelo. Los humanos anhelaban lo que no podían tener y hacían ídolos u elementos de adoración de cosas familiares para representar características inalcanzables. Entre otras cosas, una imagen o una escultura de un oso tiene la posibilidad de ser utilizada para representar una fuerza inalcanzable en el planeta, en tanto que la imagen de un dios sobrehumano podría representar el poder en reinos superiores. Era reconfortante reflexionar que el espíritu de un animal en este planeta o un dios invisible en otro mundo podría proveer custodia y poder cuando fuera primordial. Y desde luego, en la mayoría de los casos se entendía, a pesar de que los entendimientos eran varios y diversos, que uno debe agradar a los dioses para conseguir custodia y poder para sí mismo y para su familia. Agradar a los dioses tomó una diversidad de formas, pero por lo general implicaba llevar sacrificios a un espacio particular en un instante particular. La naturaleza de las ofrendas de sacrificio durante la historia es incomprensible para nosotros en la actualidad, pero las normas geográficas y culturales poseían sentido para la multitud en la época antiguos. Las plantas y animales regionales estuvieron comprometidos, realizando que el estudio de la adoración vieja en cada conjunto de naciones fuera muy elaborado y exclusivo. Los monoteístas que siguen la Torah, la Biblia y el Corán comprenden que Abraham el Patriarca fue la primera persona en fomentar el monoteísmo. Su crónica es bien popular, contada en incontables comentarios bíblicos y además en novelas populares y documentales de tv. Con respecto al instante exacto de la historia en que Abraham nació en escena, es muy debatido. Resumiendo una aclaración muchísimo más extendida, Wikipedia concluye…”lo verdaderamente que se puede decir con cierto nivel de seguridad es que el texto hebreo nivel del Génesis ubica a Abraham en la sección primera del segundo milenio antes de Cristo[antes de la Era Habitual, que es semejante que el BC]” Eso significa en algún lugar en los dos mil años antes del nacimiento de Jesús, o hace unos 3.500 a 4.000 años. Por eso, era esperable que un enorme puerto

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