San Miguel de Arcangel

Ese día en el Sinaí

José Saramago, escribiendo en “El cuaderno” sobre Lisboa, detalla la memoria comunitaria:”En términos físicos habitamos el espacio, pero en términos sentimentales nos encontramos poblados por la memoria. Una memoria compuesta de un espacio y un tiempo, una memoria dentro de la cual vivimos, como una isla entre dos océanos-uno el pasado, el otro el futuro. Tenemos la posibilidad de andar por el mar del pasado reciente por medio de la memoria personal, que mantiene el recuerdo de las rutas que ha paseo, pero para andar por el pasado lejano debemos usar memorias que el tiempo ha juntado, recuerdos de un espacio que está en continuo cambio, tan fugaz como el tiempo mismo.”” Recuerda el día que estuviste en el Sinaí.”No recuerdo haberme quedado en el Sinaí para la Revelación, pero la memoria de la vivencia aparece por medio de mi vida. Hay instantes en los que mi estudio de la Torá me facilita sentir que estoy en el Sinaí. Me conecto a la memoria colectiva del pueblo judío mientras leo los contenidos escritos por medio de los ojos del siglo XI de Rashi, los ojos del siglo XII del Rambam, por medio de los ojos de las mentes de cada siglo en todos los sitios de todo el mundo. Lo hago, como lo detalla Saramago,”navego por el pasado lejano utilizando esas memorias acumuladas” Estudio el texto con ellas y me conecto por medio de los siglos hasta la Revelación. Me siento inspirado, feliz y lleno de sobrecogimiento, y por otro lado me cuesta aferrarme a esos recuerdos con la intensidad con la que colectivamente captamos la memoria de ese día singular. Pienso en el Sinaí. Bastante de lo que creo es porque vive en los enlaces de esa memoria colectiva, pero aún no recuerdo ese día. ¿Qué significaría acordarse ese día? Un adulto mayor rabino de Miami Beach me lo explicó: pasaba básicamente todos los viernes por la tarde de invierno y primavera de 1974 sentado a los pies del rabino Meisels mientras él respondía a las cuestiones halájicas de los ancianos reunidos en su salón de estar. Jamás vi a nadie escuchar como lo logró el rabino Meisels. Enfocaba su perspectiva sonora en todos los interrogadores como si estuviera viendo intensamente al alma. Se encontraba convencido de que no se encontraba oyendo las expresiones tanto como el latido del corazón del oyente. Sus respuestas jamás fueron las sentencias en blanco y negro que comunmente nos llega cuando preguntábamos a un Sh’ eila; él se dirigía a la vida entera del que preguntaba. Da igual cuán fácil sea la pregunta, el rabino Meisels hablaría del tema en el contexto de toda su historia espiritual. Crecí oyendo a enormes rabinos, humanos espectacularmente sensibles, respondiendo a tales cuestiones, pero jamás había visto algo de esta forma. Mi padre zt “comenté al enterarme de cómo pasaba mis viernes por la tarde,” el rabino Meisels le enseñará cómo escuchar las cuestiones. Yo poseía que preguntarle:”Rabino Meisels, ¿cómo aprendiste a escuchar de esa forma?””La gente en Auschwitz venía a mí con sus cuestiones. Habitaban el nivel más profundo de Gehennom, en un mundo de total maldad, una situación donde pocos sentían la existencia de Dios, y seguían insistiendo en preguntarse cómo Dios pretendía que se comportaran. Me preguntaba qué podría obligar a alguien a buscar una dirección inclusive en este planeta loco. Entonces recordé que Dios habló las primeras dos de las Diez Declaraciones. Sus expresiones impregnaban cada parte de nuestro ser. Se convirtieron en parte de nuestra esencia. No eran expresiones que nosotros enseñábamos, sino expresiones que absorbíamos en las partes más profundas de nuestro ser. No tienen la posibilidad de ser arrancados no por un Auschwitz.comprendí que la voz que me hacía una pregunta era la de un individuo que se encontraba en el Sinaí. Siempre que alguien hace una pregunta, escucho atentamente el eco del Sinaí. Yo respondo a esa voz, no a la pregunta:”¿Qué significaría” Acordarse ese día “? Biografía del autor: Aprende y revela las profecías divinas con el rabino Simcha Weinberg de la sagrada Torah, la ley judía, el misticismo, la Kabbalah y las profecías judías.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *