San Miguel de Arcangel

Coman, oren, amen a muchos dioses: ¿Por qué el libro de Elizabeth Gilbert inspiró a tantos a encontrar a Dios fuera de los caminos trillados?

No poseía sentido para mí por qué mi mujer escondía a Eat, Pray, Love en la mesita de noche al costado de nuestra cama. Por eso, cuando tomé la decisión ver de qué se trataba todo el alboroto, pensé:”No es necesario adquirir una copia, dado que hay una muy bien buena en la mesita de noche al costado de nuestra cama”. Prometí cuidarlo, manejarlo con tanto precaución como un paleógrafo lo haría un texto obsoleto -sin doblar los bordes, sin subrayarlo, rodearlo o escribir en los márgenes- cosas que comunmente hago con mis propios libros. No obstante, las negociaciones fracasaron. “Devuélvelo,” ordenó,”y consigue el tuyo.” Por eso lo hice. Tampoco esperaba bastante. “¿Qué podía comer, rezar, amar?”, me pregunté,”eso la haría guardarlo como si fuera el Santo Grial”. Solamente llegué a la primera escena, no obstante, la de Gilbert sin reposar, desparramado por el suelo de un frío baño a las 2 de la mañana, y se encontraba enganchado. En un matrimonio fracasado, grita a Dios, la primera de muchas diálogos que el creador, Elizabeth Gilbert, tiene con Dios. Desde ahí, ella trabaja como guía en un viaje que ustedes dos hacen por medio de Italia, después India e Indonesia, en busca de su alma, en busca de una vida que importa. No hay intensión con Gilbert, por eso me agrada. Estás invitada a ver en su alma, y en la tuya además. Sentado en un café de la esquina, bebiendo el más destacable vino de la uva Sangiovese, distribuyendo misterios y decepciones, los que leen se sienten como si fueran los especiales amigos de Gilbert. Eso es porque es simple creer en ella. Cuando detalla sus fallas matrimoniales, no las de su marido, es brutalmente transparente. Cuando habla de su romance con David, inclusive antes de que su divorcio sea definitivo, no oculta nada. Es esta honestidad lo que ella dice sobre la fe, sobre Dios, es igual de creíble. En una era de deshonestidad religiosa, corrupción y encubrimiento, donde las novedades matutinas son tan proclives a revelar el último alboroto espiritual como las reglas o económicas, es comprensible por qué los occidentales están cansados de la deshonestidad en parte importante de la religión estructurada de actualmente. Lo bastante agotado como para marcharse, eso es. De acuerdo con la Encuesta Religiosa De america, treinta y 4 millones de estadounidenses no desean tener nada que ver con la religión, un sistema que demostró repetidamente un interés bastante más grande en salvarse a sí mismo que en socorrer al planeta. Todavía de esta forma, hay varios buscadores espirituales. Todo lo que verdaderamente desean es una relación sin adversidades con la Trascendencia. Lo que tú llamas Dios es sin importancia para ellos. De esta forma son las doctrinas y distinciones que dividen en lugar de juntar a la multitud. Lo verdaderamente asombroso es que los dirigentes religiosos aún no lo comprenden. En lugar de suavizar su retórica, sus dogmas, doctrinas y distinciones interminables, se vuelven más fijos, rígidos, separados y únicos. Hasta entonces, las cuentas están dejando esta disparidad, a lo mejor para asegurar lo poco que queda. A cambio, ellos leen Comer, Rezar, Amar, donde la disparidad está con la cordura, donde el respeto y la inclusividad se practican verdaderamente, donde tienen la posibilidad de relajarse, quitarse los zapatos, entretenerse, gozar a otros y a Dios. Por eso es que este libro, en este momento una enorme película, es tan habitual. En el final, da igual de quién sea la religión precisa, principalmente si no te guía a vivir en este planeta, o contigo mismo, o te asiste para llevarte bien con los otros. Es lejos de esta clase de disparidad religiosa que los buscadores de lo sagrado caminan. Hoy, sus caminos los están llevando hacia algo real, hacia aquello que los conecta con los otros y con Dios, y lejos de las etiquetas y diferencias que han dividido a la multitud por eones. Para bastantes, Gilbert y escritores como ella se convirtieron en gurús espirituales únicos en este sendero hacia lo que yo creo “el arte sagrado de comprender a Dios” Jesús dijo:”El sendero a la vida es ajustado… y pocos van a ser los que lo hallen” Si eso es verdad, come, reza, reza, el cariño es la promesa más especial de que los buscadores de lo sagrado van a encontrar el sendero angosto, aunque esté fuera de lo habitual “. Autores

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