San Miguel de Arcangel

A Rosh Hoshana Eid

La semana anterior marcó el objetivo del Ramadán, el mes musulmán del ayuno. Me complació principalmente que su final coincidiera con el de Rosh Hoshana.como bono, Eid, el festival que siguió al Ramadán, coincidió con el cumpleaños de Gandhi. Todo aparentaba cuadrar, de alguna forma, enfatizando nuestra participación en una tradición de america que es más importante que la suma de nuestras tradiciones. Crecí en el sur de California en una etapa donde comunmente era el exclusivo musulmán alrededor, me sentía solo en el círculo de mis tradiciones familiares. Conocía escasos musulmanes. Ramadán era irreconocible para mis camaradas y profesores. Cuando era pequeño, mi identidad musulmana no solía mostrarse, excepto cuando no podía comer cerdo — los trozos de tocino en la ensalada de espinacas, la pizza de pepperoni en una fiesta de cumpleaños, los wontons que una madre chino-americana traía para mi clase de estudios sociales de séptimo nivel. De lo opuesto, hice lo que hacían otras chicas de mi edad: proceder a la escuela, entrenar el violín, perderme con mis amigas en el minigolf. Pero cuando llegué a la escuela secundaria y comencé a ayunar a lo largo de el Ramadán (es para mayores sanos, no para niños), me hallé a mí mismo enseñando mi religión a regañadientes. “¿Nada de comida o agua hasta el atardecer? ¿Durante treinta días?” exclamaban mis amigos. “¡Pero eso es peligroso! Y,” en ocasiones añadían, en verdadero espíritu joven,”¿eso supone que no puedes venir a la playa con nosotros?” Le expliqué que, bueno, era verdad que el ayuno era — perdona el juego de expresiones — no era un picnic, pero que no se encontraba designado a ser arriesgado. El ayunar impulsa la compasión hacia la gente que no tienen nada para comer o beber. Nos enseña especialidad y nos ten en cuenta que debemos ofrecer caridad plus. Además, ignorar las cuestiones alimentarias nos anima a suponer en asuntos más destacables. En concordancia, en ocasiones un deseo atormentado de tomar una siesta (por falta de energía y azúcar cerebral) eclipsa mi contemplación de los asuntos más superiores. Pero inclusive eso me ten en cuenta que varias personas en el planeta experimentan esa debilitante hambre-agotinamiento cada minuto de sus vidas. Aunque el Ramadán poseía sentido para mí inclusive en la escuela secundaria, por otro lado temía ser un paria, del mismo modo que los jovenes de todo el planeta. Corrí una milla una vez en Educación Física. clase — mientras ayunaba — porque me daba mucha vergüenza mencionarle a mi maestra que no podía beber agua. Podía imaginarme el ámbito con mucha claridad: la desconfianza de mi maestro al darse cuenta de esta costumbre estrafalaria (el Islam no llegó todavía a los sucesos de los periódicos estadounidenses), su creciente sospecha de que su estudiante de quince años sólo se encontraba intentando de escabullirse de correr en el calor (no era muy buena), y su impaciencia por perder el tiempo con su extendida y apresurada aclaración. Esta perspectiva me afectó; aparentaba más simple correr cerca de la pista 4 ocasiones sin agua. Por otro lado, me maravillo de cómo las cosas cambiaron en solamente décadas; en estos días, el Presidente de los USA da saludos del Ramadán. Mi mezquita local invita a la red social vecina, tanto musulmana como no musulmana, a interrumpir el ayuno a lo largo de el Ramadán, de manera libre y gratuita. Mi profesora de inglés del séptimo nivel me envía tarjetas electrónicas Ramadán. Pero más que nada, en ocasiones los dirigentes cívicos y religiosos no musulmanes se solidarizan de manera rápida con los musulmanes. Me ten en cuenta que en el siglo VII, el profeta Mahoma pidió a sus fieles a ayunar en Yom Kippur, en solidaridad con los judíos. Todos poseemos tradiciones, pero para mí esta interconexión es una prueba de que la tradición pluralista de los USA puede rodearlos a todos. Y me proporciona promesa para el futuro. 2008 Sumbul Ali-Karamali Autora de Biografía: Sumbul Ali-Karamali creció en California contestando con continuidad cuestiones difíciles sobre el Islam y sus prácticas planteadas por amigos, colegas y vecinos. (” ¿Qué deseas decir con que no puedes ir al baile de graduación por tu religión?”) Tiene una licenciatura de la Facultad de Stanford y un doctorado en derecho de la Facultad de California en Davis y se graduó en derecho islámico en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Facultad de Londres. Trabajó como asistente de lección de Derecho Islámico en SOAS y como estudiosa asociada en el Centro de Derecho Islámico y Oriente Medio.

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